El 10 de mayo se sigue considerando una de las fechas más importantes en México, el día de las madres.  Vivimos en un país donde se ha romantizado mucho la imagen de la maternidad, y aún prevalece una cultura machista en donde ser madre parece ser lo más importante de la condición de mujer. Así, aún hay quien espera que el destino de las mujeres sea casarse, formar una familia, atender al esposo y se dediquen exclusivamente al hogar y a la crianza de los hijos.

Estos roles tradicionales de género han puesto a la maternidad en un lugar casi sagrado y es un tema que no se suele cuestionar en las familias más conservadoras. Afortunadamente, esto está cambiando; las luchas feministas y por el derecho a la igualdad están generando otras formas de pensar y de vivir. Podemos ya ver algunos frutos en cuanto al acceso a mujeres a posiciones de poder en las que tradicionalmente se nos había restringido el acceso (ciencia, política, negocios, etc.).

Y aunque aún hay mucha resistencia por parte de sectores conservadores y mucho trabajo por hacer por parte de toda la sociedad, las mujeres cada vez ocupamos mayores y mejores espacios en la vida pública, cuestionamos esos roles impuestos y emprendemos otro tipo de proyectos de vida con mucho éxito.

Si observamos las estadísticas generales en nuestro país, el número de nacimientos totales va claramente a la baja.

Sin embargo, al mismo tiempo que se idealiza la maternidad y bajan los nacimientos totales, aún se esconde una realidad muy distinta. De todos los países de la OCDE, México es el que mayor índice de embarazos no deseados tiene entre adolescentes. Uno de cada 5 embarazos es de una madre adolescente.

Este es un grave problema económico, social y de salud pública, no solo para estas jóvenes sino también para sus hijos. Por un lado acarrea deserción escolar y la adquisición de obligaciones no adecuadas para su desarrollo, desempleo, explotación laboral, etc. y por otro, riesgos para su propia vida y la del bebé.

Se considera que en los países con bajos índices de desarrollo, los hijos de madres menores de 20 años, se enfrentan a un riesgo 50% superior de mortalidad prenatal o en las primeras semanas de vida, desnutrición, pobreza, etc.

La vida de muchas mujeres se hace muy difícil cuando se les niega el derecho a decidir, y ante la falta de oportunidades reales para salir adelante, se les condena a una vida precaria con muy bajas expectativas para contar con una calidad de vida digna.

El derecho a decidir sobre nuestro cuerpo es un derecho humano, y se sabe que en los lugares en donde la interrupción voluntaria del embarazo está regulada, que además de reducir los embarazos no deseados, disminuye de manera drástica la mortalidad materna. Se calcula que más de 25 millones de abortos en el mundo suelen ocurrir en una situación de clandestinidad y termina costandole la vida a muchísimas mujeres.No debemos seguir idealizando la maternidad. Es de vital importancia que se garantice el derecho a decidir sobre la maternidad, pues es una decisión de cada mujer si se quiere ejercer o no, en qué condiciones y en qué momento. Es un asunto que debe ser totalmente libre y voluntario, no sólo en México, sino en todo el mundo.