“¡Niño déjese ahí!” “¡Nadie se embaraza a la primera!” “Eso son cosas de adultos.” “Esta casa se respeta”…

Estas frases que todos hemos escuchado en algún momento, y muy probablemente en nuestra propia casa, son ejemplo de frases con las que, en una educación tradicional mexicana, nos educan sobre sexualidad. O dicen que nos educan, y así, llegamos a la adolescencia, adoleciendo, de mucha información.

Ser adolescente es estar en cambio, es un periodo de despertares, preguntas y descubrimientos, pero también de tristezas y desengaños. La flor de la juventud que a veces es también, la calle de la amargura.

Hace un par de generaciones nada más, nuestras abuelas tenían muchos hijos y muy jóvenes. No era de extrañarse, que a los 14 ó 15 años ya tuvieran obligaciones maternales. Y esto, sencillamente porque no se hablaba de sexualidad, ni de machismo, ni mucho menos del derecho a decidir si se quería ser madre o no. Por fortuna eso está cambiando.

Sin embargo en muchas casas se piensa todavía que hablar de sexo es una incitación a realizarlo, algo así como invocar a los demonios malignos, que entre menos los invoques mejor, como si se pudiera dejar de ser joven o curioso por decreto, o la sexualidad no estuviera en nuestra naturaleza. Seguimos pensando que la negación es la clave para la prevención. Con sus desastrosas consecuencias.

En los programas educativos oficiales ya se incluyen temas referentes a la educación sexual, sin embargo estos son muy escasos y se han limitado sobre todo a la descripción del aparato reproductivo y sus funciones, así como nos enseñaron el ciclo del agua, la fotosíntesis o las tablas de multiplicar. Como si el acto sexual ocurriera así nomás y fuera simplemente un proceso mecánico. Sin miedos, sin dudas, sin expectativas, sin deseos ni riesgos o consecuencias reales.

Los padres siguen esperando que las escuelas se encarguen de este asunto, y las escuelas esperan que los padres lo hagan. Para muchos y muchas, las aulas, como las casas, terminan siendo lugares para el reforzamiento de los prejuicios.

Esta educación del silencio, no ha evitado en ningún lugar el retraso del inicio de la vida sexual, sólo ha contribuido con la propagación de enfermedades y situaciones prevenibles para muchísimos jóvenes.

En México, se inician las relaciones sexuales en promedio a los 16 años de edad, y la mayoría sin ningún tipo de protección. Sí, sin protección. Hablemos de ello o no.

Por sus propias características biológicas, psicológicas, económicas y sociales, los y las adolescentes constituyen una población de riesgo prioritaria para la promoción de los Derechos Sexuales y Reproductivos, y aunque ha habido algunos avances en la materia, siguen prevaleciendo desinformación y creencias falsas, que los llevan en muchos casos a involucrarse en prácticas de riesgo, que además de embarazos no deseados con todas sus consecuencias, ponen en riesgo su propia vida e integridad.

La mayoría de los adolescentes saben cómo se producen los embarazos, sin embargo la sexualidad sigue siendo un tema prohibido en muchos de los espacios en donde se desenvuelven, y aunque no nos guste hablar de ello, los jóvenes siguen siendo la población más proclive a padecer infecciones de transmisión sexual (ITS), y también somos número uno a nivel mundial  en embarazo adolescente.

¿Qué son las ITS?

Según la OMS, las ITS son enfermedades que se propagan predominantemente por contacto sexual, incluidos el sexo vaginal, anal y oral. También se pueden propagar por medios no sexuales, por ejemplo, las transfusiones de sangre o productos sanguíneos. Muchas ITS, pueden transmitirse también de madre a hijo durante el embarazo o el parto.

Por esto, en esta ocasión hablaremos del VIH, que a pesar de los avances, es una enfermedad que continúa siendo uno de los mayores problemas para la salud pública mundial, especialmente entre jóvenes y adolescentes.

¿Pero, qué es el VIH y el SIDA?

El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) infecta a las células del sistema inmunitario, alterando o anulando su función. La infección produce un deterioro progresivo del sistema inmunitario, con la consiguiente “inmunodeficiencia”. Se considera que el sistema inmunitario es deficiente cuando deja de poder cumplir su función de lucha contra las infecciones y enfermedades.

De acuerdo con la OMS el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) es un término que se aplica a los estados más avanzados de la infección por VIH y se define por la presencia de alguna de las más de 20 infecciones oportunistas o de cánceres relacionados con el VIH.

Entonces, la fase más avanzada de la infección por el VIH es el Síndrome de inmunodeficiencia adquirida o SIDA, que en función de la persona, puede tardar de 2 a 15 años en manifestarse.

Las personas que padecen sida pueden contraer ciertos tipos de cáncer e infecciones o presentar otras manifestaciones clínicas de gravedad.

¿De qué tamaño es el problema?

  • De acuerdo con la ONU casi dos millones de niños y adolescentes vivirán con el VIH el año 2030, principalmente en África oriental y meridional, seguidos por África occidental y central y América Latina y el Caribe.
  • UNICEF estima que en 2017, había 1,8 millones de adolescentes de 10 a 19 años con VIH.
  • En 2015, perdieron la vida 4,751 personas en México por enfermedades asociadas al VIH.

¿Cómo se manifiesta la infección?

Un problema que existe con muchas de las ITS de mayor impacto como el VIH, es que suelen ser asintomáticas en un principio, o bien, sus efectos se manifiestan en el cuerpo después de un tiempo y se expanden sin que lo sepa quien las porta.

 

Los síntomas de la infección por el VIH difieren según la etapa de que se trate.

 

En un inicio, en las primeras semanas que siguen al contagio algunas personas no manifiestan síntomas, mientras otras presentan un cuadro seudogripal con fiebre, cefalea, erupciones o dolor de garganta.

 

A medida que la infección va debilitando el sistema inmunitario, la persona puede presentar otros signos y síntomas, como inflamación de los ganglios linfáticos, pérdida de peso, fiebre, diarrea y tos. En ausencia de tratamiento pueden aparecer enfermedades graves como tuberculosis, meningitis criptocócica, infecciones bacterianas graves o cánceres como linfomas o sarcoma de Kaposi, entre otros.

 

¿Cómo se transmite?

El VIH se transmite a través del intercambio de determinados líquidos corporales de la persona infectada, como la sangre, la leche materna, el semen o las secreciones vaginales, así como a través de jeringas o agujas infectadas.

Repitamos las veces que sea necesario: No es posible infectarse en los contactos ordinarios cotidianos como los besos, abrazos o apretones de manos o por el hecho de compartir objetos personales, agua o alimentos.

¿Cómo lo prevengo?

En primer lugar, si has tenido alguna conducta de riesgo, hay que asegurarse que no eres portador o portadora, lo cual se puede diagnosticar mediante análisis rápidos que permiten detectar la presencia o ausencia de anticuerpos contra el virus. En la mayoría de los casos, los resultados se obtienen en el mismo día. Hay que señalar, que las pruebas serológicas permiten detectar los anticuerpos que se generan como parte de la respuesta inmunitaria para luchar contra patógenos externos, y no el propio VIH, por lo que en caso de ser positivo, hace falta hacer pruebas confirmatorias.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos contra el VIH aparecen a los 28 días de la fecha en que se contrajo la infección y, por tanto, no se pueden detectar antes. Este lapso se denomina periodo de seroconversión y es el momento de mayor infectividad, pero la transmisión puede producirse en todas las fases de la infección.

La principal forma para evitar el contagio, es el uso correcto del preservativo masculino y femenino.

Así mismo, se pueden administrar el tratamiento antirretrovírico (TAR), que funciona tanto como la prevención de la infección, así como para el tratamiento de personas portadoras.

¿Qué expectativas tengo si me detectan VIH?

Aunque no se ha descubierto cura alguna para la infección, el tratamiento con antirretrovíricos eficaces permite mantener controlado el virus, y prevenir la transmisión para que tanto las personas infectadas como los que corren riesgo de contagio, puedan llevar una vida saludable, larga y productiva.

El TAR estándar, consiste en combinar al menos tres antirretrovirales (ARV) para suprimir al máximo el VIH y frenar la progresión de la enfermedad. Así, aunque el VIH puede tener graves consecuencias, es una enfermedad prevenible.

Debemos romper el silencio y hablar abiertamente de sexualidad y de sus consecuencias. No hay evidencia de que no hablar de sexualidad contribuya a disminuir su incidencia. Los jóvenes tendrán relaciones nos guste o no. La desinformación, en cambio, fomenta el estigma, la discriminación, y puede llevarlos a la muerte.

Así mismo, es fundamental contar con servicios de salud sexual accesibles, confidenciales y con calidez en donde los jóvenes puedan ejercer sus derechos sexuales de manera informada y responsable, libres de estigmas y prejuicios.

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