Es fácil tener sexo y no cuidarse. Los mexicanos nos pintamos solos para poner excusas y minimizar la verdad. Disponemos de un florido lenguaje de doble sentido y somos los reyes mundiales del albur, todo, para poder hablar de sexualidad sin hablar realmente, todo para no llamar a las cosas por su nombre, todo para mantener las cosas como están.

“Una no es ninguna”, “Ojos que no ven corazón que no siente”, “Más vale pedir perdón, que pedir permiso”, “Nomás la puntita”. Son ejemplos de frases típicas para hacernos pato o como que la virgen nos habla.

Cuando se es joven las hormonas suelen están a flor de piel, la curiosidad, la energía y el deseo se juntan con la desinformación y la censura. Y aunque algunos adultos se esfuercen al máximo por separar y controlar a los jóvenes, estos siempre encontrarán el espacio y la forma para saciar su curiosidad. Total, “lo que no se ve, no existe”, dirán algunos.

Esto ha sido así durante muchas generaciones. El inicio de la vida sexual, estadística, y biológicamente se empareja con la adolescencia, y como seguramente cualquiera puede constatar, muchísimas de nuestras abuelas y madres, aunque no hablen de eso, fueron madres adolescentes, y muy probablemente esposas casi por obligación.

En México, los jóvenes están teniendo relaciones sexuales cada vez más jóvenes, y el 78.5 de los adolescentes con edad  de 15 a 19 años ha escuchado hablar del condón masculino y considera que el sirve para prevenir embarazos e ITS, sin embargo, la mayoría inicia su vida sexual sin ningún tipo de protección y somos campeones mundiales de embarazo adolescente. Son soldados que se lanzan a la guerra sin fusiles expuestos a embarazos no deseados, a distintas formas de violencia sexual y a infecciones de transmisión sexual que comprometen su dignidad, su vida y su futuro.

¿A qué se debe esta resistencia?

En los países con una educación conservadora como el nuestro, muchísimos jóvenes llegan a esa etapa con algo de información técnica obligatoria por los programas educativos. Saben qué es un embarazo, el VIH, un condón y muy probablemente cómo se utiliza, y sin embargo, siguen siendo el grupo de edad de mayor riesgo para contrarer ITS. Saben cómo conseguirlos métodos pero no van a buscarlos.

La clave parece estar en la propia cultura, y tiene que ver no tanto con la información técnica sobre la sexualidad y su disponibilidad, sino más bien con los tabúes, mitos y valores que prevalecen aún sobre el amor romántico y la pareja, y que en gran medida son un reflejo de la cultura aún muy machista y patriarcal.

Por ejemplo, para muchos hombres y mujeres, el tema de la virginidad sigue siendo muy importante, y se sigue considerando un sinónimo de pureza y valor, mientras que el acto sexual sigue siendo una “prueba de amor”, lo que de entrada representa ya barreras muy importantes para poder hablar abiertamente del tema y ponderar los riesgos.

Por alguna extraña razón, se ha inoculado la idea de que la primera vez que se tienen relaciones sexuales, no pueden ocurrir embarazos, como si a los sistemas reproductivos les importara el historial sexual y las creencias religiosas, y como si no estuvieran listos para funcionar a partir de la adolescencia.

Así mismo, se sigue considerando en gran medida que tener una vida sexual sólo es aceptable bajo el manto matrimonial y con una sola persona, la media naranja, lo que vuelve las relaciones sexuales en gran medida clandestinas, en donde la imagen y el “qué dirán”, parece aún más importante que la seguridad y la salud sexual, y esto aplica también para los adultos.

Pareciera ser en este sentido, que si se inicia una vida sexual joven, y aparece un embarazo, la cultura aún considera que la forma de redimirlo y de salvarse, es en primer lugar teniendo el hijo, y en segundo, consagrarlo bajo el manto matrimonial, aunque esto signifique la renuncia a todas las expectativas y experiencia necesarias para el desarrollo de cualquier persona joven, y derive en situaciones muchas veces muy violentas y con finales funestos.

Por último, de nada sirve proporcionar información sobre sexualidad si esta no va acompañada de servicios accesibles que generen confianza en los jóvenes para acercarse, y donde no sean mal vistos y se sientan estigmatizados, y en donde puedan no solamente protegerse de ITS, si no también decidir si se quiere interrumpir el embarazo bajo condiciones de confidencialidad, calidez y seguridad.

No se puede ignorar que muchísimos jóvenes tendrán relaciones sexuales, con o sin el consentimiento de sus padres, y es bien sabido por la psicología que no hay mejor aditivo para alimentar algunos deseos que la prohibición. Por esto, debemos hablar abiertamente de sexualidad, y no solo de sus aspectos técnicos, si no también de las expectativas de los jóvenes y las de nuestra cultura, cambios en los roles de género, sobre el deseo, el placer, la masturbación, el orgasmo donde se viertan todas las dudas y miedos sin tapujos, llamando a las cosas por su nombre y abrazando la diversidad, y sobre todo bajo el respeto cabal de sus derechos sexuales y reproductivos.

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