Las decisiones sobre el aborto no deberían ser tomadas por los políticos.

El aborto no debería ser una cuestión política. Desafortunadamente, muchos autoproclamados conservadores continúan intentando convertirlo en un problema político debido a sus creencias religiosas personales. Su objetivo es lograr que el gobierno en todos los niveles haga que los abortos sean ilegales.

El aborto es un problema religioso, y también es un problema médico. Pero los asuntos religiosos y médicos deben mantenerse fuera de la arena pública. Nadie, y particularmente el ala conservadora, debe intentar mal usar el gobierno para imponer creencias religiosas particulares sobre la población general.

Mientras tanto, los científicos han dado pasos agigantados en utilizar la tecnología para la comprensión del desarrollo humano en sus primeras etapas y contestar preguntas como: “¿comienza la vida en la concepción?”. La naturaleza del aborto en sí ha cambiado, de un procedimiento quirúrgico a uno que, al menos al principio de un embarazo, puede inducirse con una serie de píldoras. Asimismo, los investigadores han respondido sistemáticamente preguntas que no se pudieron responder en los años setenta: “¿es seguro el aborto legal?” y ¿cómo afecta a la vida de una mujer el tener un aborto, o el que se le niegue uno?”.

Cuatro décadas y media de avances médicos han expuesto el poder de la información codificada en el ADN de un óvulo fertilizado, al tiempo que contradice las afirmaciones de que el aborto perjudica a las mujeres que lo tienen y refuta la noción de que el embarazo comienza en un solo momento de la concepción. Y aún así, estos avances no excusan a los jueces, legisladores y votantes de la necesidad de emitir un juicio moral.

Los llamados políticos y predicadores conservadores deben comenzar a ser coherentes. Se supone que los conservadores creen en el gobierno mínimo y la máxima libertad personal. Al tratar de hacer del aborto una cuestión política, estos “conservadores” están siendo cualquier cosa menos conservadores.

Es descorazonador ver a la arena política hablar de esto como una victoria o una derrota; hablar de mujeres y fetos en términos de partidos de fútbol. Es desafortunado que nosotros, como sociedad, no veamos una verdadera victoria en el empoderamiento de las mujeres en situaciones de embarazos no deseados para así considerar más y mejores opciones.

La decisión de abortar es muy personal y no debe ser tomada por los políticos. Es hora de que los gobernantes mexicanos dejen de usar a las mujeres como peones para ganarse el favoritismo de los grupos de poder en las elecciones y, en cambio, confíen a las mujeres nuestras propias decisiones de atención médica. Nuestros funcionarios electos no deben perder tiempo y dinero de los contribuyentes para impulsar una política descaradamente inconstitucional.

Es hora de que México avance.

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